De mitos y celebraciones importadas. Día de… el absurdo

Pues miren ustedes. Desde hace ya muchísimos años no contemplo ni festejo absolutamente ningún “Día de… esto, aquello o lo de más allá”. Yo me quedé en el Día del Padre y de San José y el Día del DOMUND.

 Y es que hemos llegado ya a las cosas más absurdas como el festejar días del potaje, o de la castaña, o del boniato asado, o de los calvos alopécicos, las hierbas de colores, el cernícalo de pico curvo y cuello braco, el abuelo cojo o la abuela rubia por señalar algunos. Y ello amen de el del niño, la niña, el tío, los pequeños, los mayores, los adolescentes, los problemáticos, los albinos, lo morenazos y morenazas….

Últimamente me saca un tanto de quicio el día de San Valentín, celebrado hace pocas fechas, un hombre al que han  metido en este sarao sin comerlo ni beberlo. Tanto es así que en 1969, tras el Concilio Vaticano II, se reorganizó el calendario del santoral litúrgico y se retiró su celebración. No está borrado del martirologio, por lo que se permite su culto local y se sigue conmemorando su memorial el 14 de febrero. Y, fíjense,  hay en realidad tres santos mártires del mismo nombre que fueron ejecutados en tiempos del Imperio Romano, y cuya festividad cae en la misma fecha, tal vez ello sea por un error, que no es infrecuente en el calendario de santos. Su celebración llegó por la intención de la Iglesia de sustituir las fiestas Lupercales romanas por la católica

De los tres valentines citados, lo más probable es que nosotros festejemos  el referido a un médico romano que se hizo sacerdote  y que casaba a los soldados, a pesar de que ello estaba prohibido por el emperador, quien lo consideraba incompatible con la carrera de las armas. Desde ahí la leyenda y el mito. Curiosamente, lo que nació como una fiesta pagana y fue luego absorbida por el cristianismo, hoy ha vuelto a ser una celebración laica. Se usa el nombre del santo, pero ya no es una fiesta cristiana, precisan algunos autores.

Lo que pasó es que muy probablemente toda la construcción biográfica de Valentín está llena de ficciones.

Hace 77 años, la idea de celebrar el 14 de febrero como día de los enamorados al igual que sucedía en América la lanzó en el diario `Madrid´ el célebre periodista César González Ruano con gran éxito. Fue recogida rápidamente por Pepín Fernández, el avispado propietario de Galerías Preciados, que aquel sábado 14 de febrero de 1.948, cundo el que esto escribe estaba a punto de cumplir dos años, invitó a todos a celebrar el Día de los enamorados, encontrando especial apoyo en Camilo José Cela, gran amigo de Ruano, que escriba en el diario  `Arriba´, desde el que le mostró su total apoyo. La comercialización de la festividad comenzó entonces y no ha parado de crecer hasta nuestros días en los que ya no tiene absolutamente nada que ver con el santo como ya citaba en aquellas fechas Luis Calvo, periodista de ABC, que señalaba que “”San Valentin  no se entrometió nunca  en lances de amor y cortejo, no se  puede honestamente cargar con el sambenito  de un patronazgo de enamorados”.

Pudo más la publicidad, el empuje comercial y el mito formado que la realidad de las cosas.

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R. Mera