La foto y su pie. Nieblas de verano
Ha llegado envuelta en nieblas la mañana. El suave orballo ha amansado el polvo del camino y las zapatillas del caminante dejan una somera señal en las húmedas tierras del sendero.
Los árboles dibujan sus ramas entre tupidas sedas etéreas. Susurra casi apagada el agua del arroyo cayendo desde un pequeño desnivel y las hojas armonizan melodías con el viento según su forma y situación.
Es todo lo que llega hasta el oído. Los pájaros han dejado sus trinos y cánticos para el atardecer. Aunque ha roto el día, la aldea aún duerme sus sueños de invierno intentando abrir su vida a las primeras voces y risas de niños que llegan con sus ilusionantes veraneos de libertad.
Surgiendo entre la niebla, abajo en el prao, una vaca pasta adormilada junto a su cría. Como ya hemos señalado varias veces en este medio, son múltiples las aldeas en las que las vacas han quedado casi como un testimonio de otros tiempos en que el sonido de las esquilas y chuecas eran la firma de vida en los pueblos. Hace ya muchos años que la gran mayoría de las chimeneas han dejado de señalar que esta o aquella cas están habitadas.